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    Y con las “ansias” de alcanzar, lograr, conseguir… suelen ocurrir torpezas y se suelen contraer deudas.

    Torpezas de relación, de comunicación, de necesidades, de planteamientos… 

    Deudas de… afectos, deudas de dedicación, deudas de intenciones, deudas de proyectos…

    Lo cual, en un principio, suele producir… como el adicto al juego: “A ver si me recupero”. Y se empeña en alguna apuesta arriesgada… que normalmente no sale. Con lo cual, la situación pasa a ser de impotencia, de incapacidad…; de una sensación de inutilidad. Y fíjense que todo empezó con entusiasmo, con ansias de alcanzar, lograr, conseguir…

    Y luego las torpezas, las deudas…; luego el recuperarse… como sea; luego decaer…; y luego sentirse inútil, incapaz.

    Este es un ciclo que, con intensa frecuencia, se desarrolla en los estilos de vida competitivos… ‘aspirativos’… triunfalistas…

    Y todo ello se centra en la capacidad del “yo”, del “ego”, de los propios recursos…; de los consejos sociales de muy diversa índole, desde amistades hasta intimistas posibilidades… que aconsejan y que abruman los oídos del que sólo confía en sí mismo.

    La Llamada Orante nos advierte sobre el ensimismamiento

    El contemplarse sólo en los logros, en los alcances… y en todo lo que ello conlleva, hace que el ser ignore su microcosmos y, por supuesto, no conceda en realidad –aunque lo diga-, “en realidad”, ninguna opción a ese milagro permanente que nos llama, a esa Oración que nos ¡sorprende!, y nos advierte y nos orienta.

    El ser se radicaliza cada vez más en sus posiciones… –¡de cualquier tipo!- y se siente poseedor de verdades “objetivas”. Y aunque en teoría entienda que todo es subjetivo, en la práctica, la intransigencia y la crítica es la habitual confabulación.

    Una crítica que necesita de un radicalismo, y un radicalismo que necesita de una critica… para mantener un “yoísmo”, un ensimismamiento de la personalidad, del carácter, de la forma.

    Y curiosamente, en esa tendencia, en ese “yoísmo”, en esa prepotencia, es difícil –por no decir dificilísimo- que el ser acepte o asuma alguna participación en errores, en deudas, en compromisos… ¡No! Su radicalismo le sitúa por encima de cualquier situación.

    Y no hay razones ni lógicas… para modificar esas posturas.

    El Sentido Orante y la Llamada Orante no razona, no explica, no… 

    ¡Transmite!… Invoca… ¡Descubre! ¡No tiene pretensiones! Por ello es –sin duda, y sin radicalismos- el mejor referencial para… verse.

    Y en principio, no afanarse en resolver las deudas. ¡No! Afanarse en no contraer otras nuevas. Y en esa medida se resolverán las pendientes; las tibieces que quedaron atrás.

    De igual forma, los errores… –subjetivos todos ellos, por supuesto- deben referenciarse en torno a nuestras capacidades; con lo cual, si ajusto mi capacidad a los requerimientos propios y del entorno, la posibilidad del error es mínima.

    Los modelos referenciales que se toman habitualmente, de aquél, del otro o del otro, para… cada uno en su posición, hacer lo mismo o lograr lo mismo… esos modelos referenciales no son sinceros. No parten del auto-aprecio y el reconocimiento de los dones propios, sino que se inclina, o se deja inclinar en exceso, por la opinión ajena, el punto de vista del otro… En definitiva, un poco “una veleta que cualquiera sopla y la desvía”. No se atreve a mantenerse fiel… a su función, ¡a su creencia!

    En la medida en que esto –todo ello- se descubre, que nos lo descubre la Llamada Orante, debemos “futurizarnos” de manera inmediata.

    Si esperamos a tener todos los útiles y necesidades para iniciar la marcha, nunca se iniciará.

    Ahora bien, si la empezamos de nuevo cada día, bajo el auspicio, bajo la sombra de la Providencia, bajo ese… –permitamos- amor incondicional que nos brinda el vivir, cada día, entonces nos hacemos permanentes “futuros”, que es como anular el tiempo. Es como decir: vivir lo que aún no se ha vivido, lo que aún no ha llegado.

    Asumirnos como viajeros de luz y, por tanto, peregrinos que reconocen sus tropiezos y sus deudas… y no buscan rehabilitarse con un golpe de suerte, sino que se rehacen porque aceptan la mano de la Creación, que levanta, que promueve, que ayuda.

    Invertir en lo nuevo… del futuro de cada día, bajo la referencia del Misterio Creador, nos hace verdaderos intermediarios de ese Misterio. 

    Nos dota de la fuerza para... ajustarnos a nuestras “necesidades reales”.

    Cada Ama-necer supone un nuevo futuro.

    Las deudas y las torpezas a redimir… se irán resolviendo en la medida en que transcurre ese futuro, bajo otras perspectivas, sin el ansia de llegar, alcanzar, lograr, conseguir…

    Si en cada amanecer asumimos el amparo de “el Nombre…”, si asumimos “el Auxilio”, las iniciativas de futuro se harán prestas, se harán frescas, se harán sin las rémoras ni los condicionantes pasados… con la confianza de sentirse intermediarios.

    Ámen.

    ***

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    And with the "eagerness" to reach, to achieve, to attain... blunders often occur and debts tend to be incurred.

    Blunders of relationship, of communication, of needs, of proposals…

    Debts of... affection, debts of dedication, debts of intentions, debts of projects...

    Which, at first, it usually produces... like a gambling addict: "Let's see if I recover". And he insists on some risky bet... that usually doesn't work out. And so, the situation becomes one of helplessness, of incapacity...; of a uselessness feeling. And notice it all started with enthusiasm, with an eagerness of reaching, of achieving, of obtaining...

    And then blunders, debts...; then recovery... whatever it takes; then decline...; and then feeling useless and incapable.

    This is a cycle that, with intense frequency, plays out in competitive... 'aspirational’... triumphalist... lifestyles.

    And all this is centred on the capacity of the "I", of "ego", of one's own resources...; of social advice of many different kinds, from friendships to intimate possibilities... that advise and overwhelm the ears of the one who only trusts in himself.

    The Prayerful Call warns us about self-absorption.

     Contemplating oneself alone on achievements, on attainments... and all that this entails, makes the being ignore his microcosm and, of course, does not really -even if he says so- "really" grant any option to that permanent miracle that calls us, to that Prayer that surprises! us, and warns us and guides us.

    The being becomes more and more radical in his positions… -of any kind- and he feels the possessor of "objective" truths. And although in theory he understands that everything is subjective, in practice, intransigence and criticism is the usual confabulation.

    A critique that needs a radicalism, and a radicalism that needs a critique... to maintain an "egoism", a self-absorption of the personality, of the character, of the form.

    And curiously, in that tendency, in this "egoism", in that arrogance, it is difficult    -not to say very difficult- for the being to accept or assume any participation in errors, in debts, in commitments... No! His radicalism places him above any situation.

    And there are no reasons or logic... to modify these positions.

    The Praying Sense and the Praying Call does not reason, does not explain, it does not...

    It transmits!... It invokes... It discovers! It is unpretentious! That is why it is -without a doubt, and without radicalism- the best referential to... see oneself.

    And to begin with, do not struggle about solving debts; No! Just making an effort not to contract new ones. And to that extent outstanding debts will be resolved; Lukewarmness that are left behind.

    In the same way, errors -all of them subjective, of course- must be referenced to our abilities; thus, if I adjust my ability to my own requirements, and the environment, the possibility of error is minimal.

    The referential models that are usually taken, from one, the other or the other one, for... each one in his position, to do the same or achieve the same... those reference models are not sincere. They do not start from self-appreciation and recognition of one's own gifts, but they rather lean, or allow them to lean in excess, by the opinion of others, by the point of view of the other... In short, a little "a weather vane that anyone blows and it diverts it away". It does not dare to remain faithful... to its function, its belief!

    To the extent that this -all of it- is discovered, that is revealed to us by the Praying Call, we must "futurize" ourselves immediately.

    If we wait until we have all the tools and necessities to start the march, it will never start.

     Now, if we start it all over again every day, under the auspices, under the shadow of Providence, under that... -let's allow it- unconditional love that living gives us, every day, then we become permanent "futures", which is like annulling time. It is like saying: living what has not yet been lived, what has not yet come.

    To assume ourselves as travellers of light and, therefore, pilgrims who recognise their setbacks and their debts... and do not seek to be rehabilitated by a stroke of luck, but rather remake themselves because they accept the hand of Creation, which lifts up, promotes, and helps.

    Investing innovation... of each day’s future, under the reference of the Creator Mystery, makes us true intermediaries of that Mystery.

    It gives us the strength to... adjust to our "real needs".

    Each Loving dawn means a new future.

    The debts and the blunders to be redeemed... will be resolved as the future unfolds, under other perspectives, without the anxiety of arriving, reaching, achieving, attaining...

    If at every dawn we assume the protection of "the Name...", if we assume "the Help", future initiatives will be made available, they will be made fresh, they will be made without hindrances or past conditioning factors... with the confidence of feeling like intermediaries.

    Amen.

    ***

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    Y en la medida en que el ser se reconoce, se descubre, se... mira, con sus actitudes, sus pensamientos, sus gestos, sus costumbres, en esa medida es capaz de contemplar la incidencia de su posición con respecto al exterior, con respecto a los otros.

    Porque, con harta frecuencia, el ser se queja de la respuesta del otro, y la respuesta del otro es una consecuencia de la actuación o el estar de uno. Si reconozco mis posiciones, soy capaz de… “actuar” sobre ellas; al menos, en reconocer las repercusiones que sobre el entorno van a tener.

    “Reconocerse” no es un acto… de destino, según el cual, uno se reconoce que es alegre, reflexivo, obsesivo, y ya: es algo intocable.

    No. En ese reconocerse, cada uno puede encontrar –hasta una cierta proporción- el origen de esa actitud. Y, sabiéndolo, puede interactuar internamente sobre su posición y, en consecuencia, variar la actitud.

    Aunque es cierto que, en general, como dice el dicho: “Es más fácil mover una montaña que cambiar el carácter de una persona”

    Pero ¿por qué en cierta medida es cierto? Porque se parte de la base de que es incambiable, de que… “soy así”. Un algo estático ya establecido, rígido… 

    Y me dijeron un día que no cantara, y deduje que no sé cantar, pero no lo he intentado”. “Y me dijeron un día que no escribiera, y dejé de escribir cualquier reflexión”.

    La interacción con el medio es “enorme”. Y cualquier tipo de conexión demuestra que incide sobre la naturaleza de nuestro ser. Y si no se está atento, se termina paralizado y encasquillado y encuadrado en una posición. Por una parte es cómodo, claro, porque “ya me conocen… ya saben cómo soy”… 

    ¡Qué aburrimiento! ¿Y así van a pasar 70-80-90-100 años…? ¿Con las mismas manías, los mismos prejuicios, las mismas rabias…?

    Sí. Es lógico que también ocurra ese otro dicho –menos frecuente- que se dice: “Estoy cansado de mí mismo”. No es raro.

    Ciertamente, cada ser, vehículo y equivalente de una función, tiene unos dones, pero esos se desarrollan, se transforman, se transfiguran. ¡No somos bloques marcados!

    La misma investigación de nosotros mismos nos demuestra que –por ejemplo- ese núcleo de la célula, que era intocable, que allí no podía entrar nadie, que ese genoma estaba impoluto…, no: se interacciona con el entorno celular y con el epigenoma –que ahora resalta como un elemento fundamental-.

    Somos estructuras inter-osmóticas con el medio, es decir que… que damos y recibimos e intercambiamos funciones. 

    La Llamada Orante nos incita a que reconozcamos nuestras naturalezas, que no las convirtamos en rígidas posiciones, que las hagamos crecer, adaptarse, desarrollarse e innovar… 

    Que cada día, ciertamente, no sea igual. Primero, porque no lo es. Y segundo, porque yo he cambiado… ¡en un detalle, en un gesto, en una opinión…!

    Y en vez de pensar que he dejado de ser quien era, he empezado a ser quien debo ser. “En vez de pensar que he dejado de ser quien era, he empezado a ser quien debo ser”.

    Puedo decirme, en el transcurso de este reconocimiento, que soy… ser. Es decir, que soy lo que me reconozco, pero... seré de inmediato otra pequeña particularidad.

    Que sea un ser de… innovaciones.

    Que sea un ser... con el que se puede contar… sin restricciones. 

    Soy… sea.

    Que sea una actitud de disposición a la escucha, a la atención, al humor…; a la fidelidad, al cultivo de la sabiduría… y en una inclinación permanente hacia la bondad.

    Que sea, ¡que sea una expresión de Amor!… que sepa mostrarse, intimarse, desarrollarse… sin miedo a la represión.

    Soy… Sea.

    Soy rígido, intransigente, incompetente para cosas que me han dicho y cosas que yo he deducido.

    Si incorporo el Soy-Sea, como una clave de tonalidades, una clave de otro nivel, que no está establecida, que no es reconocida, que se descubre cada día…

    ***

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    And to the extent that the being recognizes himself, discovers himself, looks at… himself, with his attitudes, his thoughts, his gestures, his habits, to that extent he is able to contemplate the impact of his position in relation to the exterior, with respect to others.

    Because, all too often, the being complains about other's response, and the other's response is a consequence of one's acting or being. If I recognise my positions, I am able to... "act" on them; at least recognising the repercussions they will have on the environment.

    To "recognise oneself" is not an act... of destiny, according to which one recognises oneself to be cheerful, reflective, obsessive, and that's it: it is something untouchable.

    No. In this recognition, each person can find -to a certain extent- the origin of this attitude. And, knowing it, he or she can interact internally on his or her position and, consequently, change the attitude.

    Although it is true that, in general, as the saying goes: "It is easier to move a mountain than to change a person's character".

    But why is this true to a certain extent? Because it is based on the assumption that it is unchangeable, that... "I am like this". Something static already established, rigid...

    "And one day I was told not to sing, and I deduced that I don't know how to sing, but I haven't tried it". "And one day I was told not to write, and I stopped writing any reflections".

    Interaction with the environment is "huge". And any kind of connection shows that it has an impact on the nature of our being. And if you're not vigilant, you end up paralysed and stuck in a position. On the one hand it's comfortable, of course, because "you know me... you know what I'm like"....

    What a bore! And this is how 70-80-90-100 years will go by...? With the same obsessions, the same prejudices, the same anger...?

    Yes. It is logical although less frequent that another saying also occurs: "I am tired of myself". It is not uncommon.

    Certainly, each being, vehicle and equivalent of a function, has certain gifts, but those are developed, transformed and transfigured. We are not marked blocks!

    Our own research shows us that -for example- the nucleus of the cell, which was untouchable, that nobody could enter there, the genome was pristine..., no, is not: it interacts with the cellular environment and with the epigenome -which now stands out as a fundamental element.

    We are inter-osmotic structures with the environment, i.e. we... give and receive and exchange functions.

    The Prayerful Call encourages us to recognise our natures, not to turn them into rigid positions, but to make them grow, adapt, develop and innovating...

    Certainly, every day is not the same. First because it is not. And second, because I have changed... in a detail, in a gesture, in an opinion...!

    And instead of thinking I have stopped being who I was, I have started being who I should be. "Instead of thinking I have stopped being who I was, I have started being who I should be”.

    I can tell to myself, in the course of this recognition, that I am... being. That is to say, I am what I recognise myself to be, but... I will immediately be another small particularity.

    To be a being of... innovations.

    To be a being... who can be counted on... without restrictions.

    I am... be.

    Let it be an attitude of readiness to listen, to care, to humour...; to fidelity, to cultivation of wisdom... and in a permanent tendency towards goodness.

    Let it be, let it be an expression of Love!... that knows how to show itself, to be intimate, to develop... without fear of repression.

    I am... Be.

    I am rigid, intransigent, incompetent for things I have been told and things I have deduced.

    If I incorporate the I Am-Be, as a key of tonalities, a key of another level, which is not established, which is not recognised, which is being discovered every day...

    ***

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    Los sistemas vivientes, en su interrelación con el medio, corrigen, rectifican, se adaptan… Todo ello con el sentido de permanecer, desarrollarse, evolucionar…

    En cambio, en el caso del sistema viviente humano, la rectificación es difícil; la corrección, casi imposible; y la adaptación… es impositiva. Con lo cual, cada vez que transcurre la presencia de la especie, ésta se resiente por diferentes lugares… –pensamientos, economías, conocimientos, relaciones-… y nos hace evaluar que entramos en periodos de desaparición, de innecesaria presencia… por los desequilibrios que se generan continua y permanentemente.

    Como… “particularidad” –entre comillas- de humanidad, cuando el error o el terror o el horror se hace presente, no aparece la rectificación, la corrección, la adaptación, sino que aparece la culpa.

    Y ésta hace sentir a cada ser… una identidad impropia, en la que –tanto si es culpable, como si culpa a otro- tendrá que ejercer, o bien de juez y castigador o bien de preso y… desecho.

    El Sentido Orante nos reclama… lo que hacen los sistemas vivientes, de rectificar, corregir, adaptarse… y no crear la figura culpabilizadora, que en definitiva es el criterio que a lo largo de tiempos se creó en torno a divinidades, las cuales nos castigaban con desastres naturales, con acontecimientos luctuosos personales, etc. 

    Así que, en profundidad, al buscar el sentido de culpabilidad, y no de responsabilidad, de corrección, de arreglo, de adaptación, etc., lo que se está haciendo ante lo culpable es erigirse en “verdad”, erigirse en juez, cargarse de prejuicios, y castigar…; castigarse.

    Hasta tal punto que cada ser –salvo excepciones- lleva su correspondiente culpa. Y depende de las circunstancias –claro-, se culpa a sí mismo, o se siente culpable ante lo divino, y calcula que por esa trasgresión va a ser castigado.

    El Sentido Orante nos sugiere que esto no funciona así.

    Cuando el ser se convierte en un trasgresor sistemático, radical, prejuicioso, choca inevitablemente con otros, y ahí vendrán ciertas desventuras. Pero no han sido castigos. Han sido aconteceres propios de una inadaptación, de una incapacidad de relación, de una imposibilidad de comunicación, de una falta de respeto mutuo. 

    ¡Pero no ha sido Dios el que le ha castigado!

    En todo caso ha sido el otro –quien sea ese otro-: padre, madre, tío, abuela, alcalde…, juristas o gobiernos, etc., los que establecerán pautas y normas para… castigar las trasgresiones o los delitos diversos que se puedan cometer.

    Cada vez más… se legisla, más se ordena, más se califica. Con lo cual, cada vez es más difícil cumplir… Y en consecuencia, es más fácil… adquirir la culpa.

    Decía el refrán, sentencia o dictamen que “rectificar era de sabios”. 

    Y así, en la tradición, el sabio era aquel que era capaz de corregir, variar, modificar… relacionarse y comportarse de diferentes formas y maneras según las mejores necesidades para servir, para servirse.

    Si la especie es “sapiens”, algo de sabios tendrán cada uno de los seres, algo de sabiduría… albergarán en sus sentires… 

    Y con ello, poder desarrollar la capacidad –“la capacidad”- de amplificar esa rectificación, esa corrección, esa adaptación… para servir y servirse adecuadamente, y establecer un régimen de complacencias en el que se llegue a acuerdos beneficiosos para todos, y en el que cada uno tenga que emplear su sapiencia.

    Y huir –en consecuencia- de los aquelarres de culpas… que nos brindaban el protagonismo de suplantar a lo divino y de, así, hacernos… inútiles para cumplir nuestros designios.

    Excluir de nuestro léxico, de nuestra actitud, “la culpa”. E introducir lo que los seres vivientes –menos los sapiens, salvo excepciones- hacen, que es corregir, rectificar, adaptarse –por resumir, claro; hay más cosas-.

    Esa labor orante… nos permite además elevar nuestra consciencia en cuanto a la relación con el Misterio Creador, de una manera humilde, disponible… y hacernos así sensitivos, perceptivos ante las bondades que la Creación nos depara, y que no se ven habitualmente por el síndrome del castigo.

    No hemos sido creados para ser castigados; menos aún para que otros nos castiguen.

    Por supuesto que el autocastigo, como mecanismo habitual de corrección, de adaptación, de arreglo, es el más frecuente: “auto”. Y supone sacrificios, dolencias…; estar en un continuo desespero.

    En la medida en que disolvemos la culpa-castigo, esa cupla de irreverente forma de vivir, adquirimos de inmediato la similitud con… con otra sapiencia que sabe aparecer, actuar, relacionarse y convivir para hacerse viable.

    Sin que ello suponga un sufrimiento, un dolor, una desdicha.

     

    Que la Piedad acoja nuestras humildades y nuestros instintos sapienciales para corregir, rectificar, adaptarnos y desculpabilizarnos. Y ser así vehículos de transmisión, de comunicación, de equilibrio, de solidaridad.

    ***

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    Living systems, in their interrelationship with the environment, correct, rectify, adapt... All in the sense of remaining, developing, evolving...

    In the case of human living system, on the other hand, rectification is difficult; correction is almost impossible; and adaptation... is imposed. Thus, every time the presence of the species passes this one suffers in different areas… -thought, economies, knowledge, relationships-... and makes us assess that we are entering periods of disappearance, of unnecessary presence... due to the imbalances they continuously and permanently generate.

    As a... "peculiarity" -in inverted commas- of humanity, when the error or the terror or the horror is present, rectification, correction, adaptation do not appear, but guilt appears.

    And this makes each being feel... an improper identity, in which -whether one is guilty or blames someone else- one will have to act either as judge and punisher or as prisoner and... human waste.

    The Praying Sense demands of us... what living systems do, to rectify, correct, adapt... and not to create the figure of blaming attribute, which in the end is the criterion that throughout time was created around divinities, who punished us with natural disasters, with personal mournful events, etc. 

    So, in depth, when looking for a feeling of guilt, and not of responsibility, correction, adjustment, adaptation, etc., what is being done in the face of guilt is setting oneself up as "truth", setting oneself up as judge, loading up oneself with prejudices, and to punish...; to punish oneself.

    To such an extent –except for a few exceptions- that every being bears its corresponding guilt. And depending on the circumstances, of course, he blames himself, or he feels guilty before the divine, and he calculates that for that transgression he will be punished.

    The Prayerful Sense suggests that this is not how it works.   

    When the being becomes a systematic, radical, prejudiced transgressor, it inevitably clashes with others, and certain misfortunes will follow. But they have not been punishments. They have been events typical of maladjustment, an inability to relate, an impossibility of communication, a lack of mutual respect. 

    But it was not God who punished him!

    In any case, it has been the other -whoever the other is-: father, mother, uncle, grandmother, mayor..., jurists or governments, etc., who will establish guidelines and rules to... punish the transgressions or the various crimes that may be committed.

    More and more... it is legislated, more and more it is ordered, more and more it is qualified. With which, it is increasingly difficult to comply... And consequently, it is easier... to acquire guilt.

    The proverb, sentence or opinion said "to rectify is wise". 

    And so, in the tradition, the wise man was the one who was able to correct, to vary, to modify... to relate and behave in different forms and manner according to the best needs in order to serve, to serve oneself.

    If the species is "sapiens", each one of the beings will be somehow wise, they will have some wisdom... in their feelings... 

    And with that, to be able to develop the capacity -"the capacity"- to amplify that rectification, that correction, that adaptation... to serve and be served properly, and to establish a complaisant regime in which agreements are reached that are beneficial to all, and in which everyone has to use his or her wisdom.

    And to flee -consequently- from the covens of guilt... that offered us the prominent role of impersonating the divine and, thus, making us... useless to fulfil our designs.

    Exclude "guilt" from our lexicon, from our attitude. And introduce what living beings -except for sapiens, with some exceptions- do, which is to correct, rectify, adapt –just to sum up, of course; there are some more things.

    This prayerful work... also allows us to raise our consciousness regarding the relationship with the Creator Mystery, in a humble, available way... and thus to make us sensitive, perceptive to the goodness that Creation provides for us, and which is not usually seen because of the punishment syndrome.

    We have not been created to be punished; even less to be punished by others,

    Of course, the self-punishment, as usual mechanism of correction, of adaptation, of adjustment, is most frequent: "self". And it involves sacrifices, ailments...; being in a continuous state of despair.

    To the extent that we dissolve guilt-punishment, that couple of an irreverent way of living, we immediately acquire the similarity with... with another sapience that knows how to appear, act, relate and coexist in order to become viable.

    Without this entailing suffering, pain or misery.

     

    May Piety welcome our humility and our sapiential instincts in order to correct, rectify, adapt and remove guilt. And thus, be vehicles of transmission, communication, of balance and solidarity.

    ***

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    No atraviesa… lo que se diría “buenos tiempos”, el trayecto de la humanidad, la trayectoria de la humanidad.

    Se podrían citar multitud de hechos que ocurren en cualquiera de los continentes.

    Pero... resaltaríamos –a propósito de orar- lo que recientemente ocurrió en Jerusalén, en donde “la Noche del Destino”, la fiesta más… –“fiesta” entre comillas- más significativa del Islam, se tuvo que saldar con tropelías, persecuciones, golpes… en la mezquita de Al-Aqsa.

    Sí, sabemos que es un conflicto que parece irreversible: judaísmo e Islam, con la indiferencia inoperante católica. Pero no se trata de juzgar ese hecho.

    El Sentido Orante nos muestra cómo es significativamente necesario que este, este Sentido Orante asuma características de verdaderas vivencias personales que modifiquen este vertiginoso precipicio en el que la humanidad se arroga el derecho de mandar.

    No muchos días antes –también con motivo orante, y en este caso, judaico- en una importante celebración ultra ortodoxa, perdieron la vida una serie de personas, aplastadas, mientras huían en desbandada por no se sabe qué incidente. Ahora todos se lamentan.

    Que con motivo orante se gesten y se produzcan dolores de desespero, de angustia, de muerte, no dice mucho a propósito del motivo de esas reuniones orantes.

    Se han quedado anquilosadas en mensajes que tuvieron seguramente su significado en su momento, incluso su sentido, pero… enseguida fueron estructurados, clasificados, ordenados, y ya se hicieron “leyes”.

    Leyes que –a diferencia de las oraciones, ¿verdad?- ordenan, premian, castigan… Condenan. Y lo que era un vínculo –y es- entre el ser, en el seno de la Creación, se convierte en un legislativo legalista, combatiente e irreconciliable.

    El criterio liberador de orar… supone una innovación permanente; una sorpresa inesperada.

    Y cuando esto no ocurre, es que realmente no se está orando, se está divagando o se están perpetuando situaciones de poder –en definitiva-, “en el nombre de”… Lo Divino. ¡Increíble!

    Igual, igual ocurre que “en el nombre de” –y ahí se ve todavía más grave la situación- “en el nombre de”, el gobierno, el 9 de Mayo… “¡Ya no hay estado de Alarma!”.

    Y todo el mundo –entre comillas lo de “todos”- salen alborozados –y aquí sí que se puede decir “como rebaños”- a celebrar… a celebrar ¿el qué? 

    A golpe de calendario, se maneja una epidemia, pandemia… o endemia ya. ¡A golpe de calendario! Y las personas responden a ese calendario. Les castigaron, y aceptaron el castigo. Pocos protestaron. Mejor dicho: no hubo protestas. Les encerraron, y aceptaron el encierro. La posibilidad de rebelarse ante algo “ordenado por el poder”, en estas latitudes, es casi imposible. Dejamos lo de “casi” porque… siempre hay un resquicio o puede haberlo.

    Entonces, a golpe de calendario, hay toque de queda –o no-, que lo decide un alcalde… no; un juez… sí. E igual que lo decide y deciden si la alarma continúa o no, los nuevos especialistas –los jueces pandémicos- se encargan de nuestra salud. De velar por nuestra salud. ¡Increíble!

    Razón tenían los científicos cuando hablaban de “la inmunidad de rebaño”. Sí. Totalmente.

    La voluntad, la creencia, el criterio de cada ser se ha globalizado de tal forma que depende exclusivamente de lo que le digan desde el poder. 

    Y esto, desde el Sentido Orante, debe ser un acicate para que esta situación nos reconduzca, en el seno del Universo, bajo el Misterio Creador.

    Recuperar la consciencia de que cada amanecer nacemos por amor Creador… y pensar y sentir en ese sentido, nos promulga a una relación, a unas relaciones compatibles con… convivencia, con colaboración, con solidaridad… sin los prejuicios habituales.

    Descubrirnos en nuestro “feudo”: sí, como lugar en donde debemos realizar, por nuestras capacidades, nuestros ideales. Y si bien tenemos que sentirnos en el seno de esa Creación incesante, ¡a la vez!... tenemos que testimoniar lo que “en consciencia” sentimos, amamos y vibramos.

    A veces parece una contradicción. Y de hecho, más que “parecer”, ocurren contradicciones. Y las personas están a medio… –como decía el tango: “Y todo a media luz”-… pues sí, están “a medio”… Por una parte, sí: “Creo que éste es el sentido… creo que éste, creo, pero… ¡Ay!, los Alpes suizos. ¡Ay!, ¡la caridad hacia los pobres! ¡Ay!, la ayuda hacia el tercer mundo. ¡Ay!, ¡la alegría de New York! ¡Ay!, ¡qué bien tener 10 niños! ¡Ay!, ¡qué bien no tener ninguno! ¡Ay!...”... 

    Es una queja, así, “soterrada” –¿verdad?-. Una queja soterrada en la que no se acaba de conjugar la universalidad con la individualidad. Parece que están reñidas.

    Y siempre hay un “¡Ay!” que le da ese “toquecito amargo” a la vocación, a la acción… Y ese detalle hace que precisamente la oración, por muy llamativa que sea, ¡no llegue a calar!... en la consciencia de creación, en la consciencia de creatividad, en la consciencia de sinceridad… sino que la vida se vuelve deshilachada: “Sí, pero... no. No, pero… sí”.

    El miedo al compromiso, el miedo a la entrega, el miedo a que: “¿Y si…?”

    Como el que nada mar adentro, y lo hace pensando en qué reservas tendrá si tiene que volver. Nunca llegará mar adentro.

    La cultura de la seguridad, de la verdad a medias, de la sinceridad entrecortada, no escucha lo Orante. Se entrecorta el mensaje. No se acaba de integrar en la labor personal que cada uno realiza, que es… no ya parte de la totalidad, sino que no se da la totalidad, en su versión auténtica, si no es con el aporte individual.

    Muchas… –no digamos todas- pero muchas de las quejas que cada uno esgrime son producto del incumplimiento personal. Es decir que, si el ser se integra en su vocación, en su dedicación, a sabiendas de que está en una universalización… la queja, más que queja, se convierte en hacer hincapié más aún sobre nuestra función. En cambio, cuando la queja se hace persistente, es porque hemos dejado de cumplir nuestra participación. Y eso ha repercutido; repercute en la totalidad.

    Claro, enseguida cualquiera diría:

    .- ¡No! ¿Me va a decir usted ahora que porque yo no cumpla con “mi deber”…  –entre comillas, sin que esto sea una imposición- porque yo no cumpla con mi deber, va a ir mal la fábrica de yesos Pérez?

    .- Sí… Sí. Usted tiene una participación en eso. Porque directa o indirectamente, lo vea o no lo vea, su acción incide ahí. Ahí y en todos los lugares.

    Es semejante a decir que no existe tal lugar porque yo no he estado. Como yo no he estado, no existe. Como no he estado en Somalia, no existe Somalia.

    Pues es semejante a eso, pensar que no existe incidencia de mi sentir, de mi hacer, sobre todos los aspectos de esto que llamamos “vida”. 

    El Sentido Orante nos hace hincapié en esta importantísima simbiosis entre lo individual… y lo Universal.

    Debería ser fácil para nosotros ese concepto, puesto que muy tempranamente se estudia el microcosmos y el macrocosmos: uno es un modelo grande, y otro es un modelo pequeño, pero es el mismo modelo. Luego todo lo que haga en el modelo pequeño repercute en el modelo grande.

    ***

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    Humanity is not going through… what we might say “good times”, in its journey, its trajectory as humanity.

    Countless of events that occur on any of the continents could be mentioned.

    But... we would highlight -regarding prayer- what happened in Jerusalem, where the "Night of Destiny", the most... the most significant "feast" -in inverted commas- of Islam, had to be settled with, persecutions, beatings... in the Al-Aqsa mosque.

    Yes, we know it is a conflict that seems irreversible: Judaism and Islam, with inoperative Catholic indifference. But it is not about judging that fact.

    The Praying Sense shows us how significantly necessary it is for this, Sense of Prayer to assume the characteristics of true personal experiences to modify this vertiginous precipice in which humanity claims the right to rule.

    Not many days before -also on a prayerful sense, and in this case Jewish occasion- at a major ultra-Orthodox celebration, a number of people lost their lives, crushed, as they fled in disarray in some unknown incident. Now everyone is mourning.

    The fact that, in a prayerful occasion pains of despair, anguish and death are generated and produced does not say much about the reason of these prayerful meetings.

    They have been stuck in messages that certainly had their meaning at the time, even their sense, but... they were soon structured, classified, ordered, and then became "laws".

    Laws that -unlike prayers, right?- they give orders, they reward, the punish... They condemn. And what was -and is- a link between beings, in the bosom of Creation, becomes a legalistic, combative and irreconcilable legislative.

    The liberating criterion of praying... supposes a permanent innovation; an unexpected surprise.

    And when this does not happen, one is not really praying, it is rambling or perpetuating situations of power -in short-, "in the name of"... The Divine. Unbelievable!

    Likewise, it so happens that "in the name of" - and here the situation is even more serious- "in the name of", the government, May 9th... "There is no longer a state of Alarm!".

    And everyone -in inverted commas "everyone"- goes out in jubilation -and here we can say "like flocks"- to celebrate... to celebrate what?

    Through calendar power, an epidemic, pandemic... or already endemic is managing now. They got it through a calendar! And people respond to that calendar. They were punished, and they accepted the punishment. Few protested. Or rather: there were no protests at all. They were locked up, and they accepted the lockdown. The possibility of rebelling against something "ordered by power", in these latitudes, is almost impossible. We say “almost" because... there is always a trace or there could be one.

    So, through calendar, there is a curfew -or not-, decided by a mayor... no; a judge... yes. And just as they decide whether the alarm state continues or not, the new specialists -the pandemic judges- are in charge of our health. Of ensuring our health.  Unbelievable!

    Scientists were right when they talked about "herd immunity". Yes, absolutely.

    Will, belief, and criteria of each being have been globalised in such a way that it depends exclusively on what is said from the power.

    And this, from the Prayerful Sense, must be an incentive for this situation to lead us back, in the bosom of the Universe, under the Creator Mystery.

    Recovering the awareness that every dawn we are born out of Creator love... and thinking and feeling in that sense, promulgates us to a relationship, to relationships compatible with... coexistence, collaboration, solidarity... without the usual prejudices.

    To discover ourselves in our "fiefdom": yes, as a place where we must realise our ideals through our capacities. And although we have to feel ourselves in the bosom of this incessant Creation, at the same time!... we must bear witness to what we "consciously" feel, love and vibrate.

    Sometimes it seems like a contradiction. And in fact, rather than “seem,” contradictions occur. And people are in “half way”... -as the tango used to say: "And everything in half light"-... well, yes, they are ... On the one hand, yes: "I think this is the meaning... I think this is the sense, I think, but... Oh Swiss Alps!,.. Charity towards the poor!, help for the third world, the joy of New York, how nice to have 10 children!, how nice not to have any!..."...

    It is an "underlying" complaint -isn't it?-. A subterranean complaint in which universality has not just been combined with individuality. They seem to be at odds.

    And there is always an "Oh!" that gives that "bitter touch" to the vocation, to the action... And that detail makes that the prayer, however striking it may be, does not succeed in penetrating... in the consciousness of creation, in the consciousness of creativity, in the consciousness of sincerity... instead, life becomes frayed: "Yes, but... no. No, but... yes".

    Fear to commitment, fear of dedication, fear of: "What if…?”

    Like someone who swims out to sea, and he does it thinking about what reserves he will have if he has to return. He will never get out to sea.

    The culture of security, of half-truth, of broken sincerity, does not listen to the Prayer. The message is interrupted. It is not integrated into the personal work that each one does, which is... no only part of the whole, but the whole is not there, in its authentic version, without the individual contribution.

    Many... -let's not say all- but many of the complaints that each one of us makes are the result of personal non-fulfilment. That is to say, if the being is integrated in his vocation, in his dedication, in knowing that he is in a universalization... the complaint, more than a complaint, becomes an even greater emphasis on our role. On the other hand, when the complaint becomes persistent, it is because we no longer fulfil our participation. And that has had an impact; it affects the whole.

    Of course, anyone would immediately say:

    .- No! Are you telling me now that because I don't do "my duty"... -in inverted commas, without this being an imposition- because I don't do my duty, the Pérez plaster factory is going to do badly?

    .-Yes... Yes. You participate in that. Because directly or indirectly, whether you see it or not, your action has an impact there. There and everywhere.

    It is like saying that there is no such place because I have not been there. As I have not been there, it does not exist. Because I have not been to Somalia, Somalia does not exist.

    Well, it is similar to that, to think that my feeling, my doing, do not affect all aspects of what we call "life".

    The Prayerful Sense emphasises this all-important symbiosis between the individual... and the Universal.

    It should be easy for us to grasp that concept, because very early on, you study the microcosm and the macrocosm: one is a big scale, and one is a small scale, but it's the same model. Then whatever you do in the small model has an impact on the big model.

    ***

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