Recursos

 

 

Cada ser se sabe, se conoce… en algunos recursos, con referencia al entorno en donde habita.

También se es capaz –no siempre, pero se es capaz- de reconocer recursos que otros tienen… y de los que uno carece.

Y, como tercer aspecto –sin pretender agotarlo- a propósito de los “recursos”, hay un cierto interés… –en general- un cierto interés por desarrollar nuevos recursos; iniciarse en nuevas perspectivas.

Y estos tres aspectos: los recursos propios, los recursos de otros –reconocerlos-, y atreverse a desarrollarse en nuevos recursos, en general, salvo momentos particulares, se cifran en las capacidades, en los medios, en “lo que te esfuerces”… Es decir, se centran en el egocentrismo de cada ser; o de cada comunidad o de cada país –depende de… de qué aspecto hablemos-.

La oración de hoy nos recuerda que… bien es cierto que podemos observar recursos que tienen otros, y los recursos que podemos gestar –o que se han gestado, mejor dicho- y que manejamos con cierta soltura –siempre y cuando no nos muevan de muchos sitios-; lo nuevo, ya… ¡cuesta un poco!, puesto que supone un esfuerzo y una dedicación.

Pero el sentido orante nos advierte, nos ¡abre el telón!... para que veamos dónde están los recursos; para que intuyamos cómo se gestan, cómo llegan, cómo se distribuyen, cómo… ¡actúan!

El sentido orante nos sitúa en “un enjambre creador, creativo, interactivo… multi-orgánico”. Nos sitúa en –por así decirlo-… en una consciencia ¡más grande que la propia de cada uno! –que, a todo esto, no es “propia”; pero ese es otro tema-.

El sentido orante de hoy nos hace caer en la cuenta de que, si realmente nos descubrimos como “seres recursivos”, con recursos, con medios –si bien tenemos que encarnarlos, reconocerlos, aprenderlos-… es porque ¡están ahí!, en una Consciencia Misteriosa que nos suministra, que ¡nos llueve!, que nos… agiliza.

Y que, en la medida en que simplemente dejamos el espacio de La Nada… que nos corresponda –como reconociendo que ahí, ahí irá a actuar esa Consciencia Misteriosa-, lo que realmente luego podamos hacer, practicar, ejercitar…

Ese saber que los recursos ¡están!... Y que, ciertamente –sin quitarnos esfuerzos, dedicaciones, aprendizajes-… están ya ¡listos!: listos para ser usados.

Y no supone –no supone-, cuando se tiene consciencia orante de ello, un esfuerzo especial.

Es… un delicado… regalo.

Sí. Cuando nos ponemos –como ahora- a reconocer nuestros pequeños recursos, los pequeños recursos de otros –o grandes, de otros-, y proyectamos lo que queremos, lo que nos gustaría, al “abrirnos a”… nos regalan recursos. Pero, además, recursos… ¡para cada uno en especial!; que nos daremos cuenta de ellos cuando sepamos que llueve para todos, pero que específicamente se incide en cada uno.

Y, en esa medida, van a desarrollarse nuevos recursos; a interactuarse con otros recursos.

Todos recordarán esas tres frases del soplo Krístico, a propósito de: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”

Es ¡lo mismo!: colocarse en la disposición adecuada; reconocerse ¡no propietario!; asumir… la fundición, el enjambre y el recodo de la vida. Y lloverán los regalos, los recursos, los remedios; con una especificidad… misteriosa.

“¡Tan solo –podríamos decir- se nos pide!” –entre comillas- que seamos –con esos regalos- prudentes, cautelosos; detallistas, sigilosos; exquisitos…

Porque, si a nuestro través se van a producir regalos de la Creación, y otros han de recurrir o recibirán nuestros recursos, tenemos que saber ser buenos filtros; buenos “administradores”.

No vaya a ser que –por ese Misterio- se derramen sobre nosotros… recursos –para que seamos fieles gestores de esos medios-, y resulte que… no tengamos cuidado, que no estemos alertados de cómo gestarlos, de qué manera… mejor promoverlos y…

Y, en definitiva, sentirse un medio que no quita ¡ni pone!; ¡un medio que no manipula!; ¡un medio que no aprovecha!; un medio que… disfruta; que deja transcurrir, a su través, lo que otros pueden precisar. Y, así, entre… ¡entre todos!, con la atención debida, de-vida –“con la atención de vida”-, nos podemos dar cuenta –en todo el entorno que nos corteja y nos regala- de todos esos recursos que misteriosamente se distribuyen… y llueven, sin ninguna interpretación válida por nuestra parte; porque son los recursos de la Creación, desde su Misterio.

Escuchamos con cierta frecuencia, por ejemplo:

“¡Huy! ¡A mí me ha costado mucho saber esto!”… “¡Huy!... A mí me ha supuesto un gran esfuerzo llegar a esta posición… En consecuencia, ¡bueno!, guardaré, cuidaré, reservaré”… “Porque a mí me ha supuesto mucho… mi carrera, mi preparación, mis logros, mis carteles, mis títulos, mis…”.

 

¡Mal administrador!... Se aquietará rodeado de honores, pero… sin perfume.

 

Ahora bien, cuando somos ‘porosos recursos’, nos hacemos recursos de otros… que dejamos pasar –bajo nuestra especial forma de ser, pero dejamos pasar-, con pulcritud, lo que sabemos que no viene… de nuestro título, que no viene… de nuestro arsenal. Pasa por él, sí, pero no es “propio”.

Entonces… entonces, no hay aquietamiento. Hay fluidez. Hay presencia. Hay perseverancia. Hay permanencia. Hay… ¡impresión!

 

A poco que observemos –en este sentido orante-, ¡las necesidades… parecen muchas! ¡Y son muchas!... Y pareciera que no hay recursos suficientes para las necesidades.

Cuando el sentido orante nos lleva a “creación”, descubrimos que… los recursos son infinitos; las necesidades son limitadas. ¡Y son limitadas!… porque el hombre se ha posesionado de lo que necesita, y ha ido fabricando el mundo a su imagen y semejanza. Y –por así decirlo- los recursos infinitos no encajan muy bien con los planes humanos.

¡De ahí que las necesidades aumenten!; que las necesidades se diversifiquen y se pluralicen hasta extremos inauditos.

 

Cuando realmente nos preguntamos por “nuestras necesidades”, recurriremos a una pequeña frase –reciente-: “Si… una o más personas, te consta que te aman, no hay lugar para ninguna queja”.

Y, por un momento, casi nos podemos enloquecer. ¿Pensar que podemos vivir y convivir, sin quejas…? ¡No puede ser! Y seguramente, aquí, ahora mismo –aquí-, todos los seres que hay… son amados por más de dos personas –hemos dicho “personas”; no están incluidos los hámsters, con todo el calor y la alegría que nos puedan dar los llamados “animales de compañía”-.

Si no hay quejas, nuestras necesidades se ven casi ¡prácticamente colapsadas!... Se reducen de tal manera, que quedamos, enseguida, ¡plenos! ¡Entramos a sintonizar con la infinitud de los recursos!...

 

Las fluctuantes necesidades que transcurren a través de los recursos que continuamente se nos ofrecen, nos permiten ver con claridad cómo, cuando esa necesidad es “obvia”… para cada ser, hay como una videncia, evidencia de que, de inmediato, el recurso va a aparecer. A veces es absolutamente sorprendente; otras, es como indiferente. Pero lo cierto es que ocurre.

Y, desde este sentido orante –y transcurriendo en el afán que nos encuentra en este tiempo-, el vehículo del Arte Creativo… con Vocación Sanadora, nos lleva a otro plano en el que, además de esforzarnos en el guión, en la luz, en el suelo, en el attrezzo, en el maquillaje, en las telas, en las ropas… además, nos sumergimos en una Nada Creativa, en una Nada a partir de la cual surgen todos los recursos… en ese llamado “escenario”, que nos envuelve para disponerse a ofrecer, a regalarnos “con”…

¡Y nosotros tenemos que recogerlo e, inmediatamente, transmitirlo!, con lo mejor de nuestras... manos, dedos, piernas, cabeza, movimiento…

Y ello no irá en detrimento –¡nunca!- del esfuerzo, de la intención y de la dedicación que hayamos puesto.

De ahí que, en este momento en que se empieza –para mostrar en otro momento una culminación-, en esta preparación, incluyan el sentido orante del recurso… que nos envuelve, que nos rodea, que nos embelesa: sin dejar de “aportar” –entre comillas- lo que ya somos, los recursos que –como empezábamos diciendo- sabemos que tenemos; sabemos que tienen; y que, con torpeza –habitualmente- los usamos.

Ahora, se nos advierte de que hay ¡infinitos recursos!, ¡y que los nuestros son limitados!... Y que, si nos disponemos de forma adecuada, no solamente los recursos aparecerán, sino que –¡además!- nos daremos cuenta de que, en el amar, no se admiten quejas. Y nuestra necesidad será… moduladamente saciada.

Y, en consecuencia, nuestra actuación… impresionará, alegrará, alertará, renovará, reactivará…

Estará en la Frecuencia Creadora.

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