Consciencia de la llamada

Al entrar a atender a la llamada de la oración –llamada orante–, el ser se hace consciente de que le están comunicando… que se está comunicando ‘con’; se hace consciente de que la llamada es algo que está sucediendo… puntualmente, pero además continuamente.

 

Para que sucedan los aconteceres no es preciso que estemos conscientes de ello, pero puntualmente podemos deparar en lo que nos ocurre.

 

Así, la llamada orante es un reclamo que hace la Creación, el Misterio Creador, al ser de humanidad,  para que haga consciencia de su presencia ¡en el magma de un misterio!; haga consciencia de su íntegra “interpendencia” con la Creación; para que tomemos consciencia de liberación, que no es de nuestra parte y que nada debemos especialmente hacer, sino tomar consciencia de que hemos sido gestados liberadoramente. Y los bloqueos y las trabas, que habitualmente mencionamos, son aconteceres de nuestra torpeza.

 

Llamada orante que nos sitúa en… a cada uno —“en, a cada uno”—, la referencia de la Creación.

 

Llamada orante que, desde su grandeza, nos arremolina puntualmente a cada ser.

 

Y nos sentimos observados, palpados, cuidados, inspirados… Increíblemente, todo el universo se precipita sobre cada uno.

 

El Todo se hace un torbellino individual.

 

Así, la llamada orante se hace comunión y transferencia personal… ¡simultáneamente!

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